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- haboyhistoria
- May 15, 2025
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Updated: Nov 7, 2025


En este proyecto nos centraremos en investigar cómo los cambios de la segunda revolución industrial influyeron particularmente en la ciudad de Nueva York, una de las ciudades de mayor desarrollo económico y urbano en el marco histórico en el que el análisis se sitúa. El éxodo de la población desde zonas rurales a las nuevas ciudades industriales como Nueva York generó la necesidad de construir múltiples nuevos espacios habitables que los nuevos trabajadores pudieran ocupar. Una forma de dar respuesta a esta necesidad sin congestionar de casas la ciudad era la construcción de edificios de varios niveles que pudieran albergar cientos de personas en pocos metros cuadrados de superficie. A partir de esta idea nace nuestro objeto de estudio, el rascacielos, el cual no podría haber sido realizado en otro período histórico ya que dependió de una de las invenciones más significativas de la época, los ascensores.
Los Objetivos y Ambiciones de la Tipología.
Los rascacielos se originan a priori como brillantes alternativas a las casas o edificios de pocos niveles, con varias ventajas como el aprovechamiento de la superficie en la que se sitúan, la rentabilidad económica y la capacidad de descongestionar la ciudad de construcciones destinadas a viviendas o espacios de trabajo.
Uno de los primeros ejemplos de esta nueva tipología de edificación fue el edificio Tower, ubicado en Manhattan y construido en 1888 por Bradford Lee Gilbert, que contaba con una estructura de steel frame que fue pionera en la época y que fue una de las claves para que fuera posible el desarrollo de edificios de alturas tan inmensas. Esta obra estaba destinada a oficinas, con 39m de altura y 11 pisos, y fue el edificio más alto de la ciudad desde 1888 a 1890.

Su construcción posibilitó la creación de cientos de nuevos puestos de trabajo concentrados en una superficie de tan solo 217m², hecho revolucionario para la época.
Con el pasar de los años, los rascacielos neoyorquinos fueron popularizandose y creciendo progresivamente en altura, poblando y modificando la trama urbana de la ciudad y desplazando casi por completo las tipologías ya anticuadas que representaban las casas y los edificios de dos o tres niveles. El rascacielos se transformó en un instrumento que demostraba el progreso de Nueva York y que actuaba como símbolo de orgullo, poderío económico y tecnológico, factores que también influyeron en la constante intención de los arquitectos y constructores de competir y superar en altura o diseño a los rascacielos previos. Si hacemos un análisis de esta tendencia podemos encontrar al New York World Building, el edificio más alto de Nueva York en 1890, superado en 1894 por el American Surety Building y luego en 1900 por el Park Row Building, la cima del ranking de altura duraba apenas tres o cuatro años antes de ser superada.

El Rascacielos como Núcleo Urbano y Ciudad Independiente.
Una de las obras más importantes de la época fue el edificio Flatiron, terminado en 1902, también ubicado en Manhattan, que con 87m de altura opacaba por completo las dimensiones del Tower Building. El Flatiron fue destinado a oficinas, con la particularidad de ser el primer edificio con amenidades, hecho que lo transformó en una obra que en su interior albergaba tanto espacios de trabajo como espacios de vivienda, ocio y comercios, con sus 22 niveles, fue el primer rascacielos que funcionaba como un sistema autótrofo en el que las personas podían ejercer la gran mayoría de sus actividades diarias sin la necesidad de salir a la calle o de poner un pie fuera del edificio.
El rascacielos comenzaba a funcionar como una ciudad vertical independiente de su contexto urbano y de su entorno inmediato, aislándose de la vida pública que lo rodeaba.
“Debido a su volumen, la vida dentro del rascacielos se ve envuelta en unas relaciones hostiles con el exterior: el vestíbulo compite con la calle, presentando una exhibición lineal de las pretensiones y las seducciones del edificio, marcada por esos frecuentes puntos de ascenso (los ascensores) que transportaban al visitante más dentro aún, a la subjetividad del edificio.” Koolhaas, 1978: 88

La vida del huésped dentro de estos inmensos edificios se resumía en una linealidad estática y constante de
circulaciones hacia arriba y hacia abajo , pero nunca hacia afuera o de lado a lado. Las interacciones con el entorno no existían, y se veían reemplazadas por conversaciones en monólogos con lo que pasaba dentro del mismo rascacielos.
El edificio Flatiron fue además protagonista en el desarrollo del Flatiron District, la inauguración del Flatiron Building actuó como detonante de transformación territorial. Su impacto fue inmediato, la esquina triangular se convirtió en un punto de referencia visual y turístico, multiplicando la circulación peatonal y la actividad comercial en las calles adyacentes. Alrededor del edificio comenzaron a instalarse cafés, tiendas, galerías y oficinas que aprovecharon su visibilidad y el flujo constante de personas. La construcción del edificio aumentó drásticamente la cotización de la tierra a su alrededor, esto fue desplazando a los sectores medios y bajos de sus alrededores a zonas más periféricas de la ciudad.
Un Cambio Necesario.
El rascacielos continuó poblando la ciudad de Nueva York de manera constante, acumulándose y repitiéndose por toda su trama urbana. El resultado fue el contrario al que la tipología estaba destinada en el momento de su creación, desde su objetivo inicial de descongestionar la ciudad y convertirse en una solución para hospedar trabajadores sin sacrificar grandes extensiones de terreno, se fue convirtiendo en un método excesivo de hacer arquitectura que se desligó de sus principios y que fue aglomerando y saturando la ciudad estadounidense a un extremo insostenible. La situación estaba por “Alcanzar un ridículo punto de saturación en su extrusión total, de modo que “finalmente, el único espacio no ocupado por edificios enormes en la parte baja de Manhattan serían las calles”. No hay ningún manifiesto, ningún debate arquitectónico, ninguna doctrina, ninguna ley, ninguna planificación, ninguna ideología ni ninguna teoría; sólo hay una cosa: rascacielos.” - Koolhaas, 1978: 89
Las grandes alturas a las que llegaban los nuevos rascacielos perjudicaban el asoleamiento de las veredas y calles que lo rodeaban, esta forma de construir ya no actuaba como solución a problemas, su escala fuera de órbita y su reclusión y falta de interacción con el exterior comenzaron a representar inconvenientes que la misma tipología edilicia no estaba capacitada para resolver.

“Esta es una afirmación profética que desencadena uno de los temas más insistentes del manhattanismo: de ahora en adelante, cada nuevo edificio de clase mutante se esfuerza por ser “una ciudad dentro de otra ciudad. Esta truculenta ambición hace de la metrópolis una colección de ciudades-estado arquitectónicas, todas potencialmente en guerra unas con otras.”- Koolhaas, 1978: 89
La sociedad comenzaba a notar y a preocuparse por estas complicaciones, aunque quizás demasiado tarde. El detonante de dicho dilema fue el reconocido Equitable Building, una pieza clave en la historia que fue construida en 1915 por Ernest Graham, y que fue por más de 15 años el rascacielos de oficinas más alto de Nueva York. Es una obra de 40 niveles que contenía en su momento más espacio para oficinas que cualquier otra estructura del mundo y el edificio mismo se promociona como una “Ciudad en sí que alberga a 16000 almas” - Koolhaas, 1978: 88.

En este edificio la tipología que analizamos llega a su pico máximo de crueldad arquitectónica, desligándose completamente de su implantación y sus alrededores para convertirse en un bloque de 169m de altura sin retiros, balcones, cambios morfológicos y sin una planta baja rica para los peatones. El único propósito del Equitable Building era maximizar el espacio destinado a oficinas, con los servicios necesarios para autosustentar a las 16000 personas que trabajaban dentro de sus paredes día a día.
Esta crueldad de la que hablamos no pasó desapercibida en el momento de su construcción, ya que fue gracias a esta obra que se dictó la Ley de Zonificación de 1916 de la Ciudad de Nueva York, la cual estableció límites en cuanto a la masificación de edificios a partir de determinadas alturas, obligando a las nuevas construcciones a presentar retranqueos o aterrazamientos, favoreciendo levemente el asoleamiento en las calles y veredas.
Conclusión

A partir de 1916, los rascacielos emprendieron una dirección que apuntaba hacia una arquitectura de estructuras escalonadas, esbeltas y dinámicas. Por supuesto que esto ayudó a mejorar, al menos levemente, la situación urbana de la ciudad de Nueva York, ya que los rascacielos comenzaron a amortiguar su impacto en la calidad de circulación peatonal, a la vez que se desarrollaban más en formas y estilos. Estas evoluciones empezaron a brindarle a la ciudad un carácter único, con la aparición de edificios como el Chrysler Building o el Empire State que enmarcaron el famoso ¨skyline¨ de Manhattan, los rascacielos siguieron con su
boom de popularidad, ya no solo como objetos de progreso, si no como la nueva tipología vanguardista de la arquitectura.

Si bien como mencionamos recién se vieron ciertas mejoras respecto a la problemáticas que identificamos previamente, es consecuente preguntarnos si fueron estos cambios suficientes para remediar la situación. Se puede argumentar que los rascacielos fallan como tipología edilicia en el aspecto urbano ya que generan por naturaleza un conflicto tanto entre ellos mismos como entre ellos y la ciudad. Al identificar los rascacielos como ciudades verticales, es difícil imaginar un sistema en el que múltiples ciudades puedan coexistir dentro de una misma sin superponerse, es este el verdadero obstáculo al que la tipología no le encuentra una respuesta. La rivalidad que se da entre los rascacielos y la vida pública de la ciudad no tiene que ver con la forma de los mismos, si no con su propia naturaleza fuera de escala y congestionada. En este sentido la situación no cambió, la Ley de Zonificación de 1916 si logró que las calles tuvieran mayor luz natural y una mejor ventilación, además de una identidad más interesante y atractiva, pero no solucionó el conflicto que genera el hecho de que hayan múltiples ciudades individuales y aisladas dentro de una gran ciudad, ya que si coexisten van a, inevitablemente, competir. Quizás un esquema de ciudad con la presencia de rascacielos de manera mucho menos saturada podría ser más funcional que el ejemplo analizado, de todas formas queda a criterio de cada uno decidir si vale la pena seguir apostando por ellos.
Bibliografía
Koolhaas, R. (1978). Delirio de Nueva York.
Hall, P. (1996). Ciudades del mañana. Ediciones del Serbal.
Frampton, K. (1980). Historia critica de la arquitectura. Gustavo Gili.
New York City. "Vecindarios del NyC: El distrito de Flatiron" https://www.nyctourism.com/es/articles/flatiron-district-neighborhood-guide/
Bradley. A "History of the Flatiron district" https://blog.theagencyre.com/history-of-the-flatiron-district/
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